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Piel de Lobo (Cuadernos de la Historieta española)

La colección Cuadernos de la historieta española se está convirtiendo, poco a poco, pasito a pasito y a medida que van saliendo nuevos ejemplares, en todo un referente para aquellos que amamos el tebeo español de todas las épocas y nos gusta profundizar e investigar sobre el comic clásico. En los tomos anteriores tuvimos ocasión de conocer con todo lujo de detalles la vida y obra de autores de la talla de Francisco Darnís, Enrique Jarnes “Jarber”  o Buylla entre otros y a los “héroes de papel” Diego Valor y el Jabato.


En esta ocasión, el nuevo tomo de la colección está dedicado a otra de las conocidas creaciones gráficas de Manuel Gago. Se trata de Piel de lobo, el héroe concebido en su parte literaria por el escritor Juan Antonio de Laiglesia, personaje a menudo ignorado, pero que tenemos la suerte de que, al menos en esta ocasión, y gracias a Fernando Bernabón y a este libro, salga del ostracismo revelándose aquí la trayectoria vital y creativa de este polifacético y prestigioso autor de obras de teatro, de literatura infantil y de tebeos.

El presente volumen consta de las siguientes partes:

Prólogo donde Fernando Bernabón nos relata vivencias nostálgicas personales en torno a su afición al coleccionismo de tebeos y al descubrimiento de Manuel Gago y sus principales obras.

Breve introducción a Piel de Lobo, donde durante 12 páginas nos informa sobre el argumento principal de la serie, las características de la obra, el ambiente, la atmósfera, la evolución y los valores que encierra esta genial e imaginativa producción tebeística.

Aproximación a la vida y obra del creador literario de Piel de Lobo (páginas 21 a 91).

Como en anteriores ocasiones, Fernando Bernabón realiza una exhaustiva labor de investigación sobre la vida y obra del actualmente olvidado, Juan Antonio de Laiglesia, y nos descubre a un escritor con una extensísima y variada producción literaria de toda índole que a lo largo de su dilatada trayectoria fue legándonos gracias a su tesón y a su esfuerzo. Autor de obras de teatro, guionista de colecciones de tebeo míticas tales como Huracán, Audaces legionarios, El Coloso, El Espíritu de la Selva y Piel de Lobo entre otras, y aclamado y reconocido escritor de literatura infantil con varias decenas de obras y multitud de premios a nivel nacional.

http://tebeosycomics.blogspot.com/2011/11/el-espiritu-de-la-selva-1962.html
http://corsariosinrostro.blogspot.com/2009/07/el-espiritu-de-la-selva-de-lopez-blanco.html





















Toda esta producción, así como los avatares de su vida, que sin duda, influyeron en su obra, algunas de sus anécdotas más significativas además de una relación detallada de los principales títulos del autor citado es expuesta en este apartado.

Suponemos que en el próximo volumen esta sección estará dedicada a Manuel Gago y a Alberto Marcet, ayudante acreditado de Gago en esta colección.

-Héroes, dioses, monstruos y magos. Un repaso a las aventuras prehistóricas de Piel de Lobo (primera parte) Páginas 92 a 188.


Este apartado constituye la guía de lectura de la colección. Fernando Bernabón nos resume todos los episodios de la serie agrupándolos por aventuras. Naturalmente, no son meros resúmenes, sino que están aderezados por multitud de detalles, la influencia externa de otros medios en esta obra, ya sean literarios, cinematográficos o de otra naturaleza, juicios de valor sobre determinadas viñetas, etc.

En definitiva, el libro supone  una inestimable aportación para el estudio de los tebeos. Ya esperamos ansiosamente el segundo ejemplar de “Piel de Lobo”.

Hotel Dorado, un estudio homenaje a los personajes de 13 Rúe del Percebe.


Si hace unos días escribíamos unas líneas referidas al libro Entre la Media luna y la Cruz de Juan Ramón de Luz, inspirada en El Guerrero del Antifaz, hoy vamos a hacer lo propio con otra obra basada en otro no menos conocido cómic; 13 Rúe del Percebe. El libro en cuestión es Hotel Dorado de Alberto Gimeno.
Alberto Gimeno nos da a conocer en esta novela el pasado y las motivaciones de los principales protagonistas de la popular historieta.  Algunos de estos personajes son en algunos casos, una parodia de la misma parodia. Gimeno  los retuerce,  los humaniza y nos los presenta con una profundidad que no conocíamos, puesto que en las viñetas originales cada uno se limita a interpretar su chiste con el que nos hace sonreír, pero que debido a la propia naturaleza de inmediatez del chascarrillo nunca se había planteado  el trasfondo de estas actuaciones.
¿Por qué se comporta de la manera en que lo hace cada uno de los personajes? ¿Cómo llegaron al edificio? ¿Qué relaciones existen entre ellos? ¿Cuál es su trayectoria? ¿Por qué todo el mundo aguanta los “engaños” del tendero y sigue acudiendo estoicamente a la tienda? ¿Por qué hay un individuo viviendo en la alcantarilla?  Estas y otras preguntas se resuelven en el relato.
A pesar de convivir en el mismo edificio, cada uno vive su vida en compartimentos estancos, con una casi nula relación con los demás personajes en el tebeo. Por ello era necesario un hilo conductor, un lazo de unión entre la variopinta fauna que ocupa el inmueble para contar la historia que Gimeno nos presenta. Tal nexo no es otro que Walter, un americano en viaje de negocios, que por casualidad viene a parar al famoso edificio donde queda atrapado por diversos motivos y donde además, dejándose llevar por los acontecimientos, termina interactuando con la mayoría de los moradores del bloque.  
El sastre es tan incapaz e inútil como en el comic. La solterona amante de los animales es mostrada exageradamente puritana y con ciertos problemas derivados de su olor corporal, el ladrón de poca monta tiene vinculación con el caradura de la azotea que sortea a los acreedores con descaro. El veterinario nos cuenta sus inverosímiles aventuras a la vez que también hace de médico cuando es necesario. Uno de los principales papeles está reservado a la dueña de la pensión, cuyos impersonales inquilinos en el comic, están en el libro dotados de personalidad, cada uno con sus propias inquietudes, con su propio pasado, pero estableciendo entre ellos una especie de camaradería derivada del padecimiento compartido por haber convergido, cada uno por diferentes circunstancias, en aquella mísera pensión. Otros personajes capitales son la madre de los temibles trillizos quienes constituyen una nota de humor en medio de tanta miseria, y la hermana mayor de los mismos, quien se enamora del protagonista, Walter.
La acción se desarrolla en la Barcelona y por extensión en la  España de los años sesenta, con lo que ello conlleva. El libro retrata a la sociedad de la época acertadamente, destacando la pobreza, el sometimiento, el miedo y la esperanza.
En definitiva, una novela muy aconsejable, no sólo para los seguidores de 13 Rúe del Percebe, sino también, por su calidad intrínseca, para cualquiera que disfrute con una buena lectura como la que Hotel Dorado nos proporciona. Nunca volveré a ver a la famosa creación de Ibáñez con los mismos ojos que antes.
                           Francisco Ibañez, el "arquitecto" del  edificio.
                                    Una curiosa maqueta.

 Enlaces recomendables:

Apuntes sobre el libro Entre la Media Luna y la Cruz


La novela Entre la Media Luna y la Cruz no es exactamente una traslación literaria del tebeo El Guerrero del Antifaz. Aunque el argumento principal, algunos de los personajes, varias de las tramas y situaciones del libro son idénticos al comic original, no puede decirse que sea una mera novelización de la historia original. Podemos señalar que el comic es más espontáneo, con mejor sentido del ritmo, aunque también hijo de las circunstancias que rodearon su creación, mientras el libro juega con la visión distante que otorga el tiempo transcurrido desde entonces y está realizado con medios y con el sosiego necesario para un documentado trabajo como el que nos presenta, además de contar con la base de una idea ya llevada a cabo por otro autor.

La primera y notable diferencia con respecto a la historieta es la ubicación histórica de la misma. Mientras la historia narrada en el comic se desarrollaba  a finales del siglo XV (Reinado de los Reyes Católicos), el libro de Juan Ramón de Luz sitúa la acción a finales del siglo XII. Este cambio de época está justificado por la intención del autor de hacer coincidir la época del Guerrero del Antifaz (llamado en el libro Caballero del Antifaz) con el periodo de esplendor de los caballeros templarios y con la famosa batalla de las Navas de Tolosa.
 Mapa de 1189, época en que se desarrolla la acción en el libro "Entre la Media Luna y la Cruz".

Otra importante diferencia curiosa y reseñable es que en el comic los condados de Roca y Torres y la fortaleza de Alí Kan son lugares totalmente imaginarios, mientras en el libro Juan Ramón de Luz  nos precisa geográficamente sitios reales donde ubicar estos emplazamientos. De esta manera el condado de Roca es ahora el Castillo de la Roca del Vallés (Barcelona) y la fortaleza de Alí Kan la ciudad fortificada de Morella (Castellón). 
Condado de Roca

Castillo de la Roca del Vallés (Barcelona)
Morella (Castellón).Fortaleza del Caíd Abú Yahya (Alí Kan)

Al haber situado la acción 300 años en un pasado anterior a la historia original, era necesario también este cambio, por la propia evolución territorial debido a la Reconquista, dado que, según se deduce con la lectura de los tebeos, aunque nunca se indique explícitamente, la fortaleza de Alí Kan se encontraba dentro de los límites del Reino de Granada y el Condado de Roca probablemente en Murcia. El presente mapa elaborado por Fernando Bernabón para el libro “El Guerrero del Antifaz 50 años Tomo 2” de Quirón Ediciones ilustra estupendamente estas localizaciones.

Mapa imaginario

Otra diferencia con respecto a la edición original es el cambio de nombre de los protagonistas. A pesar de este cambio de nombres los personajes son perfectamente identificables desde el primer momento por sus circunstancias y personalidad, casi idéntica en cada uno de los casos a la historieta. El único personaje que cambia significativamente es Leonor (Ana María) que pasa de ser un sujeto totalmente pasivo y resignado, siempre llorando o rezando, a ser una mujer activa, con iniciativa, participativa y valerosa.

El Capitán Rodolfo  (Don Alonso de Bocanegra, lugarteniente del Señor de la Torre de Aguayo) y Ana María (Leonor Fernández de Aguayo, hija del Señor de la Torre de Aguayo).

 Entre las similitudes con respecto al comic destacar varias escenas calcadas de los tebeos; el torneo con la suplantación de los contendientes, la lucha del Guerrero cautivo con los leones, la irrupción en escena de Don Alonso de Bocanegra (Capitán Rodolfo) asestando una flecha con la ballesta a un moro salvando la vida al Guerrero y a Leonor (Ana María)… y la escena más crucial de todas, aquella en la que la madre del protagonista le revela su verdadero origen, siendo ensartada por la espada de Alí Kan al descubrirla.



  












Un aspecto muy importante en que incide el libro es el proceso de conversión al cristianismo por parte del Caballero del Antifaz. Este proceso no se lleva a cabo de la noche a la mañana (hoy me acuesto moro, mañana me levanto cristiano), sino que, tal como siempre hemos intuido, aunque nunca se nos mostrase en el comic, su madre, desde niño le había ido inculcando a escondidas todo lo  que buenamente pudo sobre su cultura y religión, enseñándole incluso a leer y escribir. Todo ello al margen de la formación oficial, militar y espiritual de la que disfrutó como heredero del Caíd. El impacto de la revelación sobre su verdadero origen y el odio hacia quien había creído su padre por haber acabado con la vida de su madre, le provocan dudas existenciales al protagonista, unido al hecho de tener que huir hacia territorio cristiano para salvaguardar su vida.

Aparte de ese poso en el alma del Guerrero del Antifaz, Juan Ramón de Luz introduce un elemento nuevo (que le hubiera resultado imposible si hubiese mantenido la historia en su época original) y es su formación como caballero templario, circunstancia que parece venirle como anillo al dedo a la personalidad del héroe y que influye claramente en su vocación cristiana. El protagonista llega, casi por casualidad, exhausto, cansado y hambriento al castillo-convento de la Encomienda de Gardeny solicitando ayuda. Por diversas circunstancias se queda en aquel lugar donde recibe una dura, exigente y completa formación como caballero templario.
Paralelamente a la historia del Guerrero del Antifaz, a los personajes y elementos conocidos, se desarrolla otra línea argumental donde se nos relata paso a paso los preparativos de lo que desembocará en la gran batalla final de las Navas de Tolosa, con participación activa de los protagonistas. En el libro se nos narra con todo lujo de detalles los pormenores de la decisiva batalla con un carácter didáctico a la vez que presenta rigor documental e histórico. No puedo dejar de recomendar este artículo de Arturo Pérez Reverte sobre la famosa confrontación.
                   Batalla de las Navas de Tolosa

Por tanto, una historia disfrutable por los amantes de la novela histórica y por los aficionados al comic del Guerrero del Antifaz, aunque de estos últimos se puede esperar diversidad de opiniones debido a los cambios sufridos por la historia original.

Todavía no he recibido ninguna respuesta de alguien que haya leído el libro (ni he conseguido encontrar ninguna crítica del libro en internet, si conoceN alguna, indíquenmela para poderme hacer eco en voto a bríos) pero yo personalmente he disfrutado del libro, primero como seguidor del personaje y luego, como lector de novela histórica. No soy ningún experto en historia y el libro me ha hecho interesarme por el episodio en concreto de Las Navas de Tolosa, del cual estoy recabando información en internet.
Y cual sería mi sorpresa al descubrir que los lugares y muchos personajes históricos del libro existieron realmente. Gracias a internet y al extraordinario acceso a la información que nos facilita, he podido disfrutar cómodamente en el sillón de mi casa, investigando sobre todo lo que narra Juan Ramón de Luz en el libro; los lugares citados, los caballeros templarios,etc.
En definitiva, le he sacado bastante jugo al trabajo y  felicito al autor por ello.

Enlace al  grupo de facebook de la novela Entre la Media Luna y la Cruz.

Cuadernos de la Historieta Española: El Jabato


En estos dos tomos, más el tercero cuya publicación está prevista en diciembre, el autor nos ofrece un amplio análisis de cada una de las aventuras que componen la colección clásica de El Jabato


Los tres libros están estructurados como una unidad. De hecho, la numeración de las páginas continúa de un libro a otro (el tomo 1 termina en la página 192 y el tomo 2 empieza en la 193).

En primer lugar y antes de comenzar con el análisis de la colección, Fernando Bernabón nos expone los antecedentes de la misma; la moda del péplum en el cine, que por aquel entonces causaba furor, El éxito del Capitán Trueno, cuyos patrones maestros intentaban repetirse en El Jabato y la adaptación que de Quo Vadis? realizó Darnís, la cual quizás le abrió las puertas para ser el dibujante titular de la serie.
Quo Vadis. Portada de Peñalba. Ilustraciones interiores de Darnís.


A continuación desgrana los cuadernillos agrupándolos por aventuras haciendo un generoso resumen de cada una de ellas. Este resumen se enriquece con el apunte de las posibles influencias y fuentes de inspiración a nivel argumental y gráfico que tanto Mora como Darnís tomaban de sus lecturas y acervo cultural reciclándolas en ocasiones para El Jabato.

El Jabato. Serie de cuadernillos original

Sin lugar a dudas, tal y como el autor demuestra en repetidas ocasiones a lo largo del libro, la mayor influencia en El Jabato es la de la colección de Jorge y Fernando, publicada años antes por Hispanoamericana Ediciones y cuyas aportaciones se hacen evidentes en esta obra.

Jorge y Fernando


Tras el término del desglose de la colección de 381 cuadernillos, se analizan las aventuras publicadas en Ven y ven y El Campeón de las historietas, que disfrutaron de una reciente reedición por parte de Ediciones B.


El Jabato. E n poder de los Parthos.


El siguiente bloque del libro lo compone la colección El Jabato Extra que en sus 51 números corría paralela en su desarrollo con respecto a los cuadernillos aunque la continuidad de ambas series no se mezclara en ningún momento. Esta colección está formada por aventuras completas inconexas entre sí e intemporales, mientras en los cuadernillos se continúan unos a otros , lo que se denomina una serie río, aunque sea posible agruparlos argumentalmente como se hace aquí.
El Jabato Extra

El resto de las aventuras, las publicadas en el Capitán Trueno Extra, diversos almanaques y extras y las recientes aventuras a cargo de José Revilla tendrá su cabida en el próximo tomo de la colección Cuadernos de la Historieta Española.

José Revilla
Como colofón final se presenta un muestrario de los principales personajes de la serie.

Animamos a su autor a seguir trabajando y esperamos con expectación los próximos números de la colección… ¿quizás sobre Purk, el Hombre de Piedra?

Para más información y pedidos pinchad el enlace.

Gordillo


Memoria sentimental en blanco y negro
Manuel López


En los años de mi infancia, cuando los coches funcionaban sin gasolina, lo hacían con “gasógeno”, cuando el estraperlo, cuando “la perra gorda” y “la perra chica”, referido a las monedas de diez y cinco céntimos respectivamente, cuando no se podía pecar ni de pensamiento, las autoridades políticas y religiosas velaban por nosotros, para evitar que nos condenáramos! Ah, y los militares también nos enseñaron buenas costumbres.
Pero quien salvó almas fue la Iglesia. Nos salvó de pensamientos impúdicos y de tentaciones libidinosas y carnales. En las playas las mujeres estaban obligadas a llevar bañadores con faldas. Los varones tampoco podían permanecer en la arena en "bañador", debían ponerse unos calzones cortos mientras no se estuviera dentro del agua, la Guardia Civil velaba por su cumplimiento en aras de la moral y urbanidad.
La iglesia velando por nuestras almas, impuso la pena de excomunión para el que bailara agarrao, que estuviera más pendiente de ciertos frotes al ritmo musical. Y muy bien hecho, porque como luego hemos oído hasta el cansancio, de la libertad viene el libertinaje.
Como señala Antonio Guerrero, las costumbres foráneas forzaban al cambio, pero algunas reminiscencias patrióticas -afortunadamente- se mantenían. Mientras al gran tupé con que se peinaban las mocitas se le llamaba "Arriba España", estas soñaban con usar bolsos de plexiglás -los primeros y horrorosos plásticos brillantes que se fabricaban- y "medias de cristal" cuyas continuas carreras tenían que ser "cogidas" por el sistema Vitos. (No es de extrañar que estos establecimientos crecieran como el jaramago).
Por más que la Sección Femenina en sus demostraciones sindicales y gimnásticas usaran "pololos" (que eran como unos calzoncillos blancos y largos, con pasacintas, que se ataban justo por encima de las rodillas) para preservar la visión de los muslos, como en todas las épocas, el descarrío de algunas jóvenes fue inevitable. A ellas se les llamó "las niñas NO-DO", porque al igual que aquellos noticiarios cinematográficos obligados del Régimen, "estaban al alcance de todos los españoles".
Y la degradación moral llegó a alcanzar cotas inverosímiles cuando se permitió el estreno de la película "Gilda" en la que Rita Hayworth, para más vergüenza hija de un bailaor español, desnudaba sus antebrazos quitándose de forma voluptuosa y pecaminosa sus largos guantes negros, mientras cantaba "Amado míooo..." En justo desagravio, manifestaciones de fervientes católicos se situaron frente al cine, rezando el rosario, mientras algunos más impulsivos tiraban tinteros llenos de tinta a las carteleras.
Hasta el final del franquismo se defendió a ultranza la trama ideológica de los llamados principios del Movimiento: unidad e integridad de la patria, confesionalidad del Estado, la monarquía tradicional como forma de gobierno (aunque en la práctica no apareció la figura del monarca) y el corporativismo que defendía la representatividad a través del municipio, el sindicato nacional (nacionalsindicalismo, algo que también haría Hitler) y la familia.
Pero en esa España de confesión y misa diaria, se sucedieron una serie de geniales historietistas, que hicieron las delicias de los amantes del tebeo desde los años 40 hasta finales de los 60. Y es mi sincero deseo, desde estas páginas, rendir homenaje a uno de estos autores que dieron su vida entera quemándose las pestañas en un tablero de dibujo.

Darío Rafael Gordillo
Homenaje


Comprensión pragmática


La desaparición de nuestro tebeo clásico, provocada por una tan ilógica como dislocada vertiente comercial, nos llevó a los aficionados a cierta comprensión pragmática y amarga del perverso fenómeno económico y de mercado que hizo que la mayoría de nuestros mejores talentos, desertaran del medio patrio, para pasar a ganarse las lentejas en otros países donde su trabajo estaba mucho mejor remunerado.
Así nos encontramos con la absurda tesitura de tener que agradecer a todo autor de cierta categoría por el mero hecho de que siguiera permaneciendo en activo en nuestro país.
En suma, si hacemos un breve recuento de los verdaderos pesos pesados (sin entrar en consideraciones cualitativas individuales) de los historietistas que permanecieron más o menos ligados al medio, el resultado no puede ser más desalentador: apenas un puñado de "grandes" autores continuaron realizando tebeos con una cierta frecuencia y, por desgracia, de esos pocos, menos aún les dejaron realizar en su trayectoria algo mínimamente parecido a una curva evolutiva
Gordillo es uno de ellos, este autor se había ido confirmando de forma paulatina como uno de los autores españoles más genuina y tangiblemente comprometidos con la realidad del medio, su obra rezuma amor por la historieta en cada una de sus esquinas. Ya sólo por eso, la figura del autor merecería un respeto enorme. En cuanto a su dimensión como dibujante, no cabe duda que, Gordillo en esos años se ganó un lugar de honor entre los más grandes creadores de la historia del tebeo español.
El humor de Gordillo siempre actuó como puente entre el arquetipo y la realidad, como un signo de definición expresiva. La relectura de estas pequeñas historias cortas donde las cosas suceden porque tienen que suceder, nos resultan una pequeña joya que nos muestran a un autor que domina los recursos de la historieta, donde se nos muestra como el más genuino heredero de la tradición satírico/costumbrista inaugurado por los clásicos de nuestra historieta.
Pepote, su personaje más entrañable, es el ejemplo perfecto de que la historieta es un medio, tan bueno como otro cualquiera, para que un autor llegue a su público.
No me equivoco, sin duda, si digo que éstas son unas de las mejores historietas de humor, que he conocido durante mi adolescencia, con unos diálogos frescos y divertidos. Una buena prueba de mis afirmaciones, es el hecho de que la obra de Gordillo resiste el paso del tiempo no ya con creces, sino ampliamente ofreciéndonos aún hoy un producto que contiene la calidad suficientemente cautivadora como para deleitarse con ella.

¿Imparcialidad y admiración?

Me veo en la obligación de avisar que mi reseña quizá no sea lo imparcial que fuera de desear, pues admiro de manera vehemente a este genio del humor que es Gordillo. A través de Pepote, Gordillo observa, analiza con microscopio los comportamientos esquizofrénicos de la sociedad de finales de la década de los 50, y consigue arrancarnos la risa poniendo un espejo ante nosotros.
¿Cuantas veces mientras leía estas páginas no me habré reído al sentirme identificado con una u otra actitud del protagonista? Que no le quepa duda a nadie de que Gordillo es de lo mejor que hemos tenido en nuestra historieta. Fue capaz de abrir nuevas vías de expresión tanto parodiando como homenajeando un genero, como se puede comprobar en algunas de las historietas que se reproducen en este número.
Gordillo con unos excelentes guiones y un mejor dibujo, nos presenta unas historias plagadas de crítica social, ironía, imaginación
desbordante y una corrosiva mala leche sobre el colonialismo, la religión, la guerra, el policíaco, el western, el medievo, etc. Es en la parodia donde sus historietas son increíblemente buenas, y eso que son tan sólo de una página.
Inteligencia, frescura, originalidad, ternura, humor y un grafismo de los que perduran como reconocible pasado el tiempo, se dan la mano en una obra exquisita, que refleja como pocas la época contradictoria y compleja que nos tocó vivir.
Martínez Peñaranda establece los auténticos comienzos, con personalidad propia, de Gordillo en las páginas de la revista Chicos, hacía el final de su primera época, entre los años 1948 y 1950, con Taruguito (1948) especie de Tarzanito, el que se convertiría en su personaje más querido, hasta el punto de desarrollarlo en varias ocasiones, hasta el punto de que su última obra conocida, realizada para Trinca, titulada Zongo, era una nueva versión de Taruguito con ligeras variaciones.
Hemos tenido ocasión de visualizar algún trabajo de su personaje "El Agente Secreto X-Pepe (parodia del género policíaco y de misterio), y "Mariquita Cataclismo" y su perrito "Pulgas", en las que Gordillo expresa, en esas páginas, su maestría como historietista y su particular vía cómica, cercana al non sense ingles.
Cualquiera de sus páginas demuestran que Gordillo fue un maestro del dibujo humorístico, un dibujo dinámico y expresivo, cuya trama se sitúa muy cerca de la parodia, a base de acumular tópicos, absurdos y guiños al lector. Gordillo ejecuta un dibujo modélico, limpio y equilibrado, que se ajusta a la perfección al tono de aguda sátira que recorre cada una de las historietas, que nos configuran una obra verdaderamente singular en un panorama dominado por moldes mucho más rígidos.

Gordillo y Pepote

Si bien es cierto que los valores varían con el tiempo, las historietas de Darío Rafael Gordillo mantienen una indiscutible vigencia, es el suyo un humor adaptable a cualquier época.
Como para los gustos se hicieron los colores, habrá quien no comparta mis opiniones, pero quizá, habrá quien por medio de mi opinión descubra a un autor que no conocía…

La lectura de las páginas siguientes, nos confirma a Gordillo como uno de los humoristas más lúcidos de su generación, con un talento especial.
Los episodios de PEPOTE, siguen manteniendo la frescura de antaño, continúan ofreciéndonos una sabrosa crónica de aquel Madrid desaparecido y de aspectos de la vida y costumbres españolas de entonces, con un estilo adaptable al publico actual. El cuidado que puso en el acabado visual, hacen pensar que disfrutaba con la realización del personaje, con el que experimentó con el ritmo narrativo de cada gag, y trató con un especial cariño al protagonista.
El guión es un ejemplo perfecto de cómo se debe contar bien una historia. Y el dibujo de Gordillo está como era habitual en él, a la altura del guión. Su estilo se revela como personal e intransferible y destaca especialmente del resto de sus coetáneos, tanto en el trazo como en la composición, una lectura, pues, que me ha confirmado ese flechazo que tuve con el personaje sin apenas saber nada de él.


Cuando se habla de historietas con tantos años a cuestas como las que nos ocupa, no resulta sencillo rastrear sus orígenes. Confieso que éstos escapan de mis manos a medida que retrocedo en el tiempo y al considerar a Pepon su obra más accesible e interesante, corro el riesgo de que alguien se moleste por lo subjetivo de tales afirmaciones, pero debe constatar que Pepon es el personaje que más conozco de la obra de este autor y es por ello que baso mis referencias en dicho personaje, personaje que considero ¿Recomendable? Eso seguro. Ya va
siendo hora que del mismo modo que hay tebeos considerados clave de un determinado momento, género o autor, se empiece a reconocer los méritos de Gordillo, a quién, muy acertadamente, Luis Conde ha definido “como el cronista del mundo bobo de la burguesía madrileña de los inicios de la década (años 50).
Absténgase los que no gusten del cáustico, porque la obra de Gordillo lo es hasta la médula. A los que sí, que disfruten con este soplo de aire fresco que vino del centro.
Pepote
El más genuino representante
de la burguesía madrileña


Gordillo ha representado una grata sorpresa. Lo recordaba de las historietas de su personaje Pepote que había leído en los almanaques de Aventuras del FBI, Jeque Blanco y Mendoza Colt y quizás fue por eso que me atraía tanto una relectura de esos almanaques. Luego las historias resultaron ser muy entretenidas y su tratamiento y el de su protagonista mucho más interesante que lo que recordaba.
Está fuera de toda duda que Gordillo es uno de los dibujantes
más atractivos de cuantos han surgido en el mundo del tebeo humorístico autóctono en nuestra posguerra.
A la efectividad del dibujo hay que añadir la de la planificación de las páginas, que confiere el ritmo adecuado a la narración, y la elección de los planos que proporciona fuerza a la misma.


El humor de Gordillo está muy alejado del que practicaba Bruguera, de lo que se denominó Escuela Bruguera, es un humor más castizo, en algunos aspectos, a mí me recuerda al practicado por Rojas de la Cámara con algunos de sus personajes. Incluso se permite un ligero toque de ironía no exenta de cierta mala leche en sus historietas, agazapada ésta, perversamente, entre las imágenes de un estilo visual pulcro y eficaz, capaz de hacer parecer fácil lo que es realmente difícil.

Las historietas de Gordillo, son originales y ostentan cierto toque de distinción, con unos diálogos francamente divertidos cuando hace falta. Gordillo, crea sus propias reglas en cada trazo. El rasgo característico de Gordillo es su enorme personalidad, lo exageradamente reconocible de su huella.
Entre los numerosos hallazgos de su personaje: Pepote, está la amplia gama expresivo-gestual del que ha sabido dotarlo su creador que, en ocasiones, constituye un auténtico gag por sí misma. Desgraciadamente, cualquier obra perteneciente a esos años, está condenada a una observación y valoración minoritaria. Lástima. Sí, lástima; porque de esa forma un personaje como éste habrá pasado desapercibido a la actual generación de lectores de tebeos. Y de personajes como éste se hicieron muy pocos.
En definitiva cualquier análisis confirma la originalidad y la importancia de las propuestas de este historietista. Un trabajo, de cualquier forma, imprescindible, modélico en ocasiones, con un personaje memorables en el que además comprobamos hasta qué punto Gordillo es un excelente dibujante.

Un historietista genial
Después de varios meses sin leer un tebeo, vuelvo a sentarme frente a un teclado para darme un gusto. El gusto de tener que releer unas historias espectaculares de Gordillo, de intentar analizarlas, de buscar los detalles para poder comentarlos a muchos de los lectores, que probablemente no hayan leído nunca una sola historieta de Gordillo y es que éste no es un artista tan popular como Karpa, Ibañez, por citar solo dos ejemplos. Quien después de estas líneas, acometa la lectura de las historietas de los mencionados almanaques, y después de disfrutarlas tanto como yo las he disfrutado, coincidirán conmigo en que sus tebeos no se leen solo una vez. Gordillo forma parte de aquellos alquimistas del humor que intentaban ante todo conseguir divertir a una gente en unos tiempos en los que había poco de lo que reírse.


En lo que respecta a la crítica, sería deseable pudieran recordar aquellos trabajos de los autores de la edad dorada del tebeo cómico español que hicieron las delicias de MILES de lectores en los años 50, 60 y 70. TEBEOS de consumo rápido y carcajada sincera. TEBEOS como los que ya NO se hacen, basándose en unos criterios y líneas editoriales menos elitistas. Los análisis sobre cualquier obra de la época deberían entenderse fácilmente, evitando que ningún don nadie se crea importante por el mero hecho de descalificarlos. Decir siempre lo que se piensa, siempre que no se insulte a quienes no piensen como ellos. Todo debería argumentarse.


Va siendo hora de tomarse la historieta como lo que es, una distracción y nada más. No es necesario escribir largos ladrillos interminables llenos de vacuidad para engordar su propio ego, ni es necesario faltar el respeto al trabajo de cualquier tipo de profesional que se ganaba su pan haciendo tebeos, ni generalizar con total desconocimiento sobre el tebeo clásico humorístico.
Y que quede bien claro: nosotros no consideramos que algunos críticos sean una especie de sodomitas insaciables a los que haya que repudiar. Pero sí que consideramos que las actitudes radicalmente anticlásicos de algunos son francamente impresentables.


Obviamente no quiero decir con esto que a esos tebeos no haya que criticarlos o que hayamos de adorarlos (no!!!!) pero si me gustaría que por lo menos entre nosotros, entre los que QUEREMOS a los tebeos, clásicos o no, nos apoyaremos por lo menos, por lo menos... un poquito... sería curioso... no?
Y es que ya no queda tiempo en nuestra vida para la sonrisa sincera y para las obras agradables, aunque no trascendentales. Yo sin embargo aún nos reímos con algunos TEBEOS, y nos gusta dedicarle nuestro tiempo a una obra divertida
Gordillo hace de sus historietas un ejercicio de estilo, logrando una historias basadas única y exclusivamente en la narrativa, despojada de todo artificio que pueda imponer el dibujo.

Directamente nos adentramos en la narración, en la composición de la página y ahí es dónde brilla su genio. Las páginas de Gordillo son narrativas en toda su extensión, con un absoluto dominio del lenguaje gráfico, sorprendiendo en cada número.
La obra de Gordillo no debiera precisar presentación alguna. Es posiblemente uno de los autores de tebeos más importante de la historia de nuestro país, con una obra que se cuenta por aciertos y genialidades. Es una auténtica desgracia que no exista una edición digna y unificada de la obra de quien ha sido, sin atisbo de duda, uno de los más grandes historietistas autóctonos. Gordillo: dibujante superdotado, narrador puro y mágico
En la obra de Gordillo brilla una imaginación formidable y un espíritu lúdico y juguetón. Exponente de esta segunda línea de trabajo son las divertidísimas y parodicas historietas que reproducimos. Se trata de unas historietas que acumulan gag tras gag, tanto visuales como verbales, si bien destacan éstos últimos con delirantes diálogos y personajes cuyas vicisitudes rozan constantemente el capricho surrealista, con la subsiguiente sensación de libertad creativa

Pepote

¿Qué se puede decir de este personaje que no se haya dicho ya? Posiblemente, una de los personajes de más calidad que se han visto y, sin duda, de los más geniales que ha dado nuestra posguerra. Gordillo ha sabido adentrarse como nadie en ese particular mundo de la burguesía madrileña. Dotando de una extraordinaria consistencia al protagonistas. Sus historietas narran con brillantez historias que rozan el más absoluto surrealismo, dejándonos sin embargo el más fiel reflejo de una típica sociedad de posguerra. Una de esas obras atemporales que debe ser considerada desde ya como una gran obra maestra.

Entre 1940 y 1960, España conoció una época de oro en lo que se refiere a historietas. Se publicaban gran variedad de revistas de diversas categorías: infantiles, de humor…. Las Editoriales en esos años, producía en sus talleres decenas de títulos.

Había historietas para todos los gustos: Oeste; Selva; Espionaje, etc. Su tiraje era espectacular para la época. Eran dibujadas totalmente por españoles
A finales de los sesenta nuestra historieta conoció lo que hemos dado en denominar "Los años difíciles", Muchos dibujantes partieron al exterior; otros se dedicaron a profesiones afines como publicidad y diseño; sólo unos pocos pudieron seguir en lo suyo. Gordillo fue de estos últimos, se quedó.
Pero nos estamos desviando del camino…. Gordillo, significó el descubrimiento de otro tipo de humor, un humor diferente al que nos venían dando la editorial Valenciana y Bruguera.

Concretamente con Pepote un original retrato de la burguesía madrileña, pero no solo Pepote, las historietas de Gordilla nos impactaron al igual, suponemos, que a miles de personas que leyeron sus historietas. Ese humor, ese realismo, esa personalidad en los personajes, esa imaginación en tantas situaciones, hacen de las historietas de Gordillo un interesante e imprescindible divertimento.

Manuel López.