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El Defensor de la Cruz, por Manuel López



Memoria sentimental en blanco y negro

En la posguerra española, todo era pecado, la sexualidad era un tabú. Ibas al cine y un beso ya era un pecado. El que los novios fueran cogidos del brazo era pecado. Las películas estaban censuradas y si ibas a ver una clasificada para mayores con reparos, ya era suficiente para que te quitaran la insignia de Acción Católica. Tal era la moral católica en la época de Franco. El placer para la mujer estaba vedado. La sexualidad estaba limitada a la función procreadora. Las familias numerosas recibían premios y salían en las noticias.

Eran tiempos que las jóvenes españolas de hoy ni siquiera pueden imaginar. Hasta 1975, las españolas solteras no podían abandonar el domicilio familiar sin autorización paterna, casadas o no, la ley les impedía hacer cualquier tipo de contrato (incluso abrir una cuenta bancaria) sin permiso del padre o el marido. El adulterio se castigaba penalmente: en el caso del hombre si era público; en el caso de las mujeres, siempre. Francisco Franco, como los monarcas de la Edad Media, hacía descansar su dictadura sobre dos pilares: el estamento militar y el clero.

Se prohibieron además las lenguas minoritarias (vasco, gallego, catalán) castigando con multas e incluso cárcel, a quien las hablara en público. El minucioso control desplegado con respecto al lenguaje, tuvo también inesperadas consecuencias: convirtió a Caperucita Roja en "Caperucita Encarnada", y a la vulgar ensalada rusa, en "nacional" o "imperial".

A finales de los cincuenta, España era un país pobre, atrasado y rural, al borde de la bancarrota. Estábamos atrapados en una especie de pozo: había que confesarse, ir al culto, en Semana Santa se cerraban los cines... Era muy sofocante. En el oscurantismo que se vivía nos evadíamos con los tebeos y el cine. Quizá por ello la relación emotiva que sostenemos con esos compañeros de la niñez

Estos tebeos nos llegaban por capítulos, en el típico cuadernillo de 10 o 12 páginas. Cada cuadernillo solía terminar de forma que provocara la apetencia de la adquisición del siguiente cuadernillo. Eran unos tebeos en los que se podía añadir en cada momento lo que se deseara, de ahí las frecuentes improvisaciones, con lo que la historia principiase cortaba continuamente en episodios secundarios para dar más interés y acción al relato, por lo que el propio autor nunca sabia como acabaría su obra. Eran básicamente historias de puro entretenimiento, a la manera de los viejos pulps seriales (y por eso las historias siempre terminan con un continuará…).

A consecuencia de la censura oficial y la auto-censura social, todo lo relacionado con el sexo se convirtió en una especie de tabú. El rol hombre- mujer viene marcada por la identificación con el héroe infatigable y la mujer pasiva y sumisa respectivamente.

Pero vayamos al Defensor de la Cruz un tebeo que en ningún momento se puede decir que nos encontramos ante un trabajo que permanecerá imborrable en nuestra memoria, pero al menos es incontestable el esfuerzo del dibujante por hacer realidad una historia. Nada está ni de mas ni de menos: todo encaja, así el trazo negro, inquieto, esbozado y sin embargo tan expresivo

Vaya por delante que, personalmente, considero que Manuel Gago es un autor que dominaba a la perfección los mecanismos de la historieta. El Defensor de la Cruz es, a mi modesto entender, el perfecto mapeo de una época y de un imaginario que no ha muerto, ni morirá por mucho tiempo.


El Defensor de la Cruz



Se dice que Diocleciano (245/313), emperador de Roma (284-305)  se caracterizó por la persecución sistematizada contra los Cristianos, gobernó del año 284 al 305. En su período, ordenó la destrucción de los templos cristianos y de los Libros Sagrados, odiaba a los que eran seguidores de Cristo y éstos eran llevados al Circo Romano, para ser despedazados por las fieras. Las matanzas de cristianos eran tan numerosas que los verdugos caían rendidos de cansancio y tenían que ser sustituidos por otros..

Durante los primeros veinte años del reinado de Diocleciano no se vieron molestados los cristianos. En el 303, como un lance imprevisto, se disparó la última gran persecución contra los cristianos. Obra de Galerio, el "Cesar" de Diocleciano, el puso término en el 303 a la política prudente de Diocleciano, quien se había abstenido, a pesar, no obstante, de abrigar sentimientos tradicionalistas. Cuatro edictos consecutivos (febrero del 303-febrero del 304) impusieron a los cristianos la destrucción de las iglesias, la confiscación de bienes, la entrega de los libros sagrados, la tortura hasta la muerte para quien no ofreciera sacrificios al emperador.

La persecución alcanzó su máxima intensidad en Oriente, especialmente en Siria, Egipto y Asia Menor. A Diocleciano, que abdicó en el 305, le sucedió como "Augusto" Galerio, y como "Cesar" Maximino Daya, quien se demostró más fanático que él.


Solo en el 311, seis días antes de morir por un cáncer en la garganta, Galerio emanó un airado decreto con que detenía la persecución. Con ese decreto (que históricamente marcó la
definitiva libertad de ser cristianos), Galerio deploraba la obstinación, la locura de los cristianos que en gran número se habían rehusado a volver a la religión de la antigua Roma; declaraba que perseguir a los cristianos ya era inútil; y los exhortaba a rezar a su Dios por la salud del emperador.



El Defensor de la Cruz


Editorial: Maga 1954-1955
Consta de: 54 cuadernillos
Guión: Pablo Gago
Dibujos: Manuel Gago
Protagonista: Sebastián Alcunio, el Defensor de la Cruz (Romano)
Época: Entre los años 284 y 305
Personajes históricos: Diocleciano (245-313), emperador de Roma (284-305)






Las aventuras de El Defensor de la Cruz se encuadran dentro de ese tipo de tebeo bien narrado, tan característico de la denominada Escuela Valenciana, donde prima sobre todo la historia y su desarrollo por encima de las florituras artísticas.

De entre la corte imperial romana emerge lleno de misterio, sagaz, sorprendente e intrépido, noble y de honradez inquebrantable, El Defensor de la Cruz.

Con evidentes reminiscencias de El Libertador, El Defensor de la Cruz, hijo de un centurión y de la hija de un Patricio y que oculta su personalidad, emerge aquí con el propósito de liberar cristianos destinados al sacrificio en el circo. La acción se desarrolla en el siglo III cuando en Roma gobernaba Cayo Valerio Aurelio Diocleciano, hijo de un liberto originario de Iliria y que fuera elegido emperador el 17 de noviembre del año 284.

Si bien, como ya hemos apuntado, la trama muy parecida a la del Libertador, se desarrolla aquí con mayor complejidad, abundando los personajes secundarios y las tramas paralelas al margen de lo que constituye la historia principal.

Como es costumbre en la obra de Gago, viste a los personajes secundarios con una personalidad destacada e incluso a veces superior a la del protagonista. Destacan en este apartado, muy especialmente dos de los personajes: Casiano Malino, general romano que su extrema maldad le lleva a perseguir y condenar al destierro, por su afiliación cristiana, a su hija y a su esposa y Braulio, personaje que pretende el amor de Cristina, la heroína enamorada del héroe.

Destaca, sobre todo en los primeros números de la colección, las repentinas apariciones y desapariciones del héroe enmascarado, desconcertando a sus enemigos. Destacan asimismo las escenas de lucha, en las que Gago luce su incomparable maestría. A tdestacar las atractivas portadas.

Magnífica secuencia de Manuel Gago"el rey del trazo  suelto".¿Qué hubiera sido de  este dibujante en unas mejores condiciones vitales y laborales?

Entre traiciones, pasiones, amores imposibles, nuestro héroe arriba a tierras vikingas donde reina Albak, otro de los secundarios destacados de la colección, quién traicionará ern más de una ocasión a El Defensor, y con ello la perdida de calidad de serie, el dibujo se torna apresurado, poco acabado, en ocasiones simples bocetos, bajando incluso la calidad de las portadas. Lo que nos lleva a disminuir considerablemente el interés que hasta entonces nos había deparado la colección.
Única página publicada a color. Una rareza.

Posiblemente la aceptación por parte del publico llevo a alargar de manera innecesaria la colección, que debería haber finalizado como mucho en número 44, ya que con ello sólo consiguieron empobrecerla, no obstante lo compensa la magnifica primera parte.

Concluyendo, puede que antes que a El Defensor de la Cruz haya que remitirse a otras obras más recomendables, pero es innegable que nos encontremos ante una colección especialmente indicada para degustar al autor desde todos los ángulos, ya que pese a todos los tópicos, la serie está muy bien escrita, la trama es entretenida y atrayente. Por su parte, Manuel Gago, una de las grandes leyendas de la historieta española. Puntal indiscutible y emblema paradigmático de la denominada Escuela Valenciana, nos demuestra, una vez más, su dominio del medio, dándonos una lección de narrativa visual.


Manuel López.

Puedes acceder a esta colección aquí.

Piel de Lobo, por Manuel López

Concebida por Juan A. de la Iglesia y puesta en viñetas por Gago, la era prehistórica en que transcurren las aventuras de Piel de Lobo no es mas que un pretexto para crear un mundo fantástico, donde los hechos y personajes más inverosímiles son aceptados sistemáticamente como cotidianos, y en el que la imaginación del guionista se desata como pocas veces sucedió en los tebeos de la época.


Mucho más interés que el argumento en si, que transcurre en medio de las inevitables persecuciones y peleas, ofrecen los escenarios, detalles y personajes secundarios que dotan a todos los episodios de un carácter irreal: desde elementos de la mitología griega y egipcia hasta esquemas tomados de los cuentos de hadas, todo vale cuando el único objeto es, como aquí, sorprender. Así van desfilando los pueblos de los centauros, los hombres renacuajo, los genios, las rocas vivientes, los hombres insecto, las amazonas, los hombres morsa, los hombres topo e incluso el Minotauro y la Górgona, los cíclopes y un inacabado etcétera, acompañados de un sin número de monstruos igualmente fantásticos: hormigas y arañas gigantes, el perro cancerbero, la hidra de nueve cabezas, el canguro boxeador y los clásicos dinosaurios.

La magia es otro de los pilares de la fantasía de la serie, magia al estilo de los cuentos de hadas: transformaciones, conjuros, duelos entre sátiros y brujas, flores de los siete deseos, etc. Con todos estos elementos, la serie transcurre en un ambiente casi onírico, dotado de la sencillez e ingenuidad de los cuentos fantásticos, donde siempre cabe esperar una sorpresa más.

Este clima de ensueño alcanzará uno de sus puntos más altos en la aventura de Piel de Lobo en la dimensión de la Esfinges, a la búsqueda del fruto del árbol de la salud; aunque es difícil inclinarse por un episodio en concreto cuando tantos contienen hallazgos igualmente insólitos.

Piel de Lobo queda como una obra muy destacable dentro de los cuadernos de su tiempo, aunque un poco a mitad de camino de lo que hubiese podido ser en otras circunstancias de producción y realización.

De los noventa números que contó la colección, se dieron títulos tan inmensos como: El Mamut solitario, La roca que anda, Abismo sin salida, El brujo de las tres jorobas, Los arboles avanzan, o el Rapto de las libélulas.




"Piel de Lobo"

Guión: De la Iglesia
Dibujos: Manuel Gago

Editorial Maga - 1959
90 cuadernillos.



El dibujo de historieta ha de ser dinámico, debe captar una instantánea en plena acción.

¿Y acaso éstos matices no están siempre presentes en su estilo? Unos dibujos sencillos, directos, sin trampa ni cartón. El dibujo de Gago en Piel de Lobo, es correcto y dotado de esa sensación de movimiento. Un dibujo que dentro de su aparente sencillez, se adapta a la historia como un guante a la vez que lo hace atractivo.

A la efectividad del dibujo hay que añadir la de la planificación de las páginas, que confiere el ritmo adecuado a la narración, y la elección de los planos que proporciona fuerza a la misma. Su habilidad para mezclar la realidad y la irrealidad, consiguiendo que ambos conceptos formen un conjunto indisociable por medio de una cuidadosa integración de elementos surreales.

El guión de A. de la Iglesia y el adecuado dibujo de Gago, consiguen hacernos real el irreal y fantástico mundo que sitúan en nuestra prehistoria. Una prehistoria plagada de los más insólitos e irreales personajes, que hacen de Piel de Lobo la más imaginativa y sorprendente colección de tebeos de su época.

A De la Iglesia debemos algunos de los mejores e imaginativos guiones de la historieta de la época: El Coloso, El Espíritu de la Selva, etc., pero es en Piel de Lobo donde plasma la más desbordante imaginación.

En Piel de Lobo se dan títulos tan inmensos que resulta difícil inclinarse por un episodio en concreto cuando tantos de ellos contienen hallazgos realmente insólitos

Lo expuesto hasta aquí puede dar una idea de la altura que alcanza esta obra, pero el acierto definitivo, lo que la convierte en algo

especial es que consigue integrar esta suma de referencias en un cómic. Estamos ante un trabajo en el que lo fundamental es precisamente el desarrollo perfecto de una narración en forma de cómic.

Si tuviéramos que resumir en dos palabras la sensación que produce la lectura de esta serie diríamos que es apasionante, a medida que avanza la narración, te atrapa más y más de forma que casi no puedes abandonarla hasta el final.

El dibujante quizá hubiera podido emplear viñetas mucho más espectaculares, pero la impresión causada no hubiera sido ni de lejos la misma.



En cualquier caso. De hecho, y como resulta fácil de deducir de lo expuesto, Piel de Lobo es un tebeo que personalmente me agrada y que destaca dentro de los cuadernos de su tiempo, aunque siempre nos quede la duda de lo que hubiese podido llegar a ser en otras circunstancias de producción y realización.

Taim, Piel de Lobo - Gurú, el anciano mago - Buma la loba invisible y Luana la huérfana protegida de Piel de Lobo....... Pocas cosas son tan dignas de admiración como el poder de aquellos autores de posguerra para crear imágenes portadoras de una potencia sugestiva incombustible.

Al poder de esos dibujos en concreto, de esas escenas nos remitimos para subrayar a este autor, pudo, quizá no ser el mejor, pero es el que más nos hizo soñar. Y eso es algo que seguimos valorando enormemente.

Manuel López

Sobre el personaje acaba de ser editado el libro titulado "Piel de Lobo", perteneciente a la colección "Cuadernos de la historieta española".

Diego Valor (Tercera parte)


1954 el año de Diego Valor

Algunos tebeos crean escuela. Otros, modas. En el caso del tebeo de ciencia-ficción española de los años 50, son pocas las colecciones que marcaron un hito, en cuanto a su aceptación por parte del publico lector, según mi humilde opinión, solo lo lograron tres: Diego Valor; Red Dixon y Luchadores del Espacio (La Saga de los Aznar)
DIEGO VALOR

RED DIXON

LUCHADORES DEL ESPACIO

En un curioso artículo leí, no recuerdo donde, que solo ha habido un momento de real esplendor en el tebeo español de ciencia-ficción: los años 50. Su valoración, aunque razonada, es, indudablemente, drástica.

Y antes de continuar, me gustaría hacer hincapié en un aspecto fundamental que trabaja en contra de esa época, son obras leídas hace mucho tiempo, en la práctica de difícil disponibilidad o claramente inencontrables desde hace mucho, y sin embargo están en nuestra memoria de forma indeleble. Si, desde luego aquellos fueron muy buenos años, antes, apenas hubo nada a pesar de la folclórica apelación con que se ha acuñado los años 40, como la Edad de Oro, y después, el género entro en una serie de revoluciones tanto estilísticas como editoriales que cambiaron el mapa de forma completa.

Si, es cierto, algo paso en aquellos años, hubo una explosión de revistas, de colecciones, de autores. La ciencia-ficción se escapo del miserable terreno en que estaba acotada y amplió sus márgenes, por supuesto la cultura oficial siguió desdeñando el género, pero éste había conquistado nuevos espacios y ya nunca los abandonaría. Y ese es la lección que deberíamos de aprender.

El tebeo de ciencia-ficción había estado muerto. En algunos momentos, merced a un conjunto de cosas que, de forma aleatoria deciden conjugarse, el tebeo de ciencia-ficción, revive, despierta de su ensoñación, se levanta de la cama en que está postrado, enfermo crónico. Por causas todavía no suficientemente analizadas, la radio y el tebeo se ponen de acuerdo y deciden ofrecer ciencia-ficción. Dudo que ellos mismos sean conscientes de ese hecho, mientras forman parte de ese momento que luego se dirá histórico. Sólo luego, con el transcurrir del tiempo, podemos analizar épocas, años, en el que se dieron esas circunstancias del todo fortuitas o casi del todo fruto del azar.

Se nos argumentará que las obras señaladas no tienen nada que ver con la ciencia-ficción, que no son más que las aventuras de siempre extrapoladas al espacio y no les falta razón. Ciertamente no me atrevo a buscar culpables, la historieta es demasiado maleable a los intereses de unos y otros como para aseverar algo con contundencia.

Algunos señalan a Flash Gordon como el principal valedor de convertir a la ciencia-ficción en un simple género de aventuras juveniles (space-opera), pero para evaluar realmente ese grado posible de culpabilidad, habría que sumergirse en la historia y ver realmente en que época nos encontrábamos.
FLASH GORDON

En aquel momento había muchos problemas sociales y económicos, la gente buscaba evadirse de una situación angustiosa y el género (editores y escritores) no era insensible a ese malestar. Desde aquel lejano período (los años 20 y 30 principalmente), Amazing Stories y el resto de revistas (esencialmente y hasta los años sesenta la ciencia-ficción se editaba en este tipo de publicaciones) se dedicaron a un tipo muy concreto de ciencia-ficción, desde luego la más espectacular y vendible, perjudicando al resto, la más seria o la más creativa, algo que a la larga se ha revelado más como muro infranqueable que otra cosa.

Diego Valor, una obra de ciencia-ficción, space ópera o aventura juvenil española, escrita y realizada por autores españoles. Paradójicamente, eso que debería ser su mayor virtud es su gran cruz: muchos lectores menosprecian esas obras por el mero hecho de que no están escritas y dibujadas por autores extranjeros, y las editoriales, como siempre, les dan lo que piden. Así nos encontramos con autenticas bazofias extranjeras traducidas (y pagadas, porque los traductores también comen), en ediciones de lujo, mientras aquí obras mucho mejores no encuentran editor. Esta es exactamente la postura opuesta a la del aficionado norteamericano, quien no siente el menor interés por la CF no anglosajona porque está acostumbrado a la suya, y los editores de aquel país, del cual sólo copiamos lo que nos da la gana y no siempre lo bueno, no quieren ni oír hablar de publicar un autor extranjero, el cual, encima de que seguro que venderá menos, les va a costar más dinero porque tienen que pagar su traducción. ¿Alguien lo entiende? Pues ESO es lo lógico, no lo que pasa aquí

Con todo esto queremos decir que es preciso un cambio en la mentalidad del aficionado hispano, quien debe leer lo se hace aquí al menos tanto como la de fuera Si hay una demanda de autores españoles, las editoriales los publicarán (lo que buscan es obtener beneficios). Y en cuanto las editoriales se den cuenta de que los españoles también venden, y encima les resultan mejor de precio, vamos a tener abundancia de tebeos autóctonos. Y ese hecho va a potenciar la aparición de más autores y a hacer que esos mismos autores dibujen más y eso es lo que sucedió en los años 40/50, La Edad de Oro de la historieta española. Es un ciclo, solo hay que decidirse a iniciarlo: la primera palabra la tiene el lector.

No todos los tebeos buenos de CF se han escrito estos últimos años. Hay obras más antiguas que merecen ser leídas y disfrutadas por el lector de hoy en día, que son perfectamente merecedoras de ser rescatadas por algún editor para ser reeditadas, ya que son inencontrables desde hace mucho tiempo, y sus autores merecen nuestro reconocimiento público por su labor.

En el sendero de gloria y de penas del tebeo español de CF, Diego Valor es la historieta por antonomasia


Manuel López

Diego Valor (Primera parte)
 
Diego Valor (Segunda parte)

DIEGO VALOR (SEGUNDA PARTE)

Diego Valor es el nuevo ídolo de los niños:

Un serial radiofónico de aventuras espaciales.



Cuando hablamos de la Ciencia-Ficción en España, nuestra imaginación se abre a un mundo de imágenes y de palabras y con ellas la serie por antonomasia de la CF española: Diego Valor.



Los Orígenes

Uno de las mayores dificultades en un trabajo sobre el personaje es que, además de del tema hemos de tener en cuenta las diversas interacciones entre los distintos medios. Ya que de la misma manera que son corrientes las adaptaciones fílmicas de obras literarias, también lo son en el campo de la historieta, la radio y la televisión.

Así pues, personajes e historias cambian de medio tan pronto como autores y productores ponen un poco de interés. Famosa es la adaptación radiofónica de Orson Welles de La guerra de los mundos de H.G.Welles, por la ola de pánico que provocó.

Antes de la popularización de la televisión su lugar lo ocupaba la radio y los seriales radiofónicos el de las actuales series de televisión.

Y entre los numerosos seriales, sorprendentemente, uno de Ciencia-Ficción: Diego Valor (Cadena SER, 1.953) que comenzó siendo una adaptación de las aventuras de Dan Dare, héroe de portada de la revista inglesa Eagle (1950-1969), para desmarcarse rápidamente del original inglés (Enrique Jarnés "Jarber" fue el encargado de su cambio de nacionalidad) y pasar después a la historieta, en 1.953 de la mano de Adolfo Álvarez Buylla y Braulio Rodríguez "Bayo".

Los tebeos de Diego Valor no fueron más que una prolongación del medio radiofónico y, probablemente, sin el soporte de éste no hubiera alcanzado la enorme popularidad de que gozó entre la chiquillería de la época, dado que su dibujo no es deslumbrante, ni su trama original (no ofrece demasiadas variaciones sobre el esquema héroe de la Tierra derrocando a tirano extraterrestre, que ya articulaba la larga saga de Flash Gordon, allá por los años treinta), sí posee un valor histórico indiscutible, teniendo en cuenta que el serial radiofónico fue contemporáneo de las primeras publicaciones españolas del género

No obstante, si se ha alabado, de manera muy indulgente, la calidad del Brik Bradford de la época heroica, de que no se puede decir que sea más rica o imaginativa que Diego Valor, concedámosle a éste un lugar preponderante en la historia de nuestra historieta.

Diego Valor es una colección cuyo planteamiento, a pesar deque no ofrezca, como ya hemos dicho, demasiadas variaciones sobre el manido esquema de Flash Gordon) resulta bastante original. Tampoco se trataba de descubrir la sopa de ajo, pero aparte de originalidad hay que saber interesar al lector en la historia y en los personajes, y en ese aspecto, a pesar de que el tebeo en sí no es de lo mejor que he visto, ni mucho menos, cumple a la perfección con las expectativas: entretener



1954/56: Diego Valor (1ª etapa). 124 cuadernos, más 1 almanaque, sobre guiones de Jarber y entintado de Bayo. Editorial Cid.

Parece evidente, que no es esta saga un trabajo en el que pusiese sus cinco sentidos Adolfo Álvarez Buylla. No hay más que echar un vistazo y compararla con algunos de los trabajos posteriores de este autor, para experimentar el sentimiento de decepción que produce una obra cuando no está a la altura de su creador. Se nota apresuramiento y falta de dedicación con algunas páginas realmente chapuceras.

Sea por la razón que sea (quizá la acumulación de trabajo), la labor de Buylla no hace justicia al guión, que si bien no es excepcionalmente brillante, si resulta entretenido pese a la repetición de tópicos.



1957/58: Diego Valor (2ª etapa). 44 cuadernos, más 1 almanaque y 3 extras, sobre guiones de Jarber (menos núms. 1 y 2). Editorial Cid.

No descubrimos nada cuando afirmamos que ésta 2ª etapa, el trabajo de Buylla es muy superior a los 124 cuadernillos anteriores, por una progresiva ampliación en el campo de los recursos gráficos.

El principal problema de introducir a la lectura de -Diego Valor- es el de situar la historieta en su contexto, sin el cual una comprensión profunda de ella es imposible. Los mejores años de la serie, como ya se ha señalado, corresponden a la etapa más popular de los seriales radiofónicos.

La verdad es que resulta difícil hacerse a la idea de que ya han pasado más de cincuenta años desde que en España apareció Diego Valor por primera vez en las Ondas y Kioscos Aquellos primeros, tenían una estética especial que seguramente nunca se olvidará, y naturalmente su contenido. Un contenido en que aquellos, hoy míticos, personajes vivían sus primeras aventuras y comenzaban a deleitar a unos oyentes y lectores a los que habían sorprendido de una forma muy especial.

Continuará.

Accede a la primera parte de este estudio hacieno clic aquí.



Manuel López

La aventura radiofónica de Diego Valor






 

Aunque escribir una crítica reseña decente, y sólo eso, parezca en principio un trabajo fácil y algunos lo hagan parecer tarea sencilla, la realidad nos demuestra que la cosa es algo más complicada de lo que se preveía. Escribir una buena crítica está sólo al alcance de unos pocos escogidos que gozando de un cierto estilo, tienen muy claros ciertas premisas básicas. El crítico se enfrenta al tebeo con varios retos ante él, ya que hay muchos factores diseminados a lo largo del camino que pueden hundir la empresa.

Antes incluso de ponernos a intentar escribir una crítica, tenemos que pensar en algunos aspectos de está. ¿Porque deseamos escribirla? ¿A quien va dirigida? ¿Que tipo de crítica pretendemos hacer?

Nuestra afición a escribir sobre tebeos no ha nacido por generación espontanea, sino que ha recorrido un camino más o menos largo desde lectores pasivos, activos, y por fin fans. La primera pregunta es retórica por supuesto, este no es el lugar adecuado para argüir los motivos o preferencias para llevar adelante semejante acto, pero al menos debemos poder discernir el impulso que nos mueve a comentar para bien o para mal un tebeo, sea por lo mucho que lo disfrutamos, padecimos, lo indiferente que nos dejó o quizá por la obligación contraída con alguien, factor este que suele tener una amplia cuota de influencia.

Antes de abordar la concepción de una crítica debemos saber quienes nos leerán, no es lo mismo tener una columna en una revista de información general, que en un diario o en un fanzine especializado. Cada uno tiene un tipo de público que en el algún caso se puede mezclar pero que evidentemente no se puede tratar de la misma forma.

La última pregunta ¿cómo debemos enfocarla? No es lo mismo pretender simplemente informar de como es un tebeo sin hacer juicios de valor que catalogarlo, es decir ponerle una "etiqueta", y aquí es donde comienza el berenjenal donde sin darnos cuenta nos hemos metido.

Así que intentaremos contestar a las preguntas que planteamos: ¿Porque deseamos escribirla? Sencilla y simplemente porque nos apetece recordar a la que fuera una de las más celebradas series de ciencia-ficción de la historieta española, y creemos que ahora que se cumplen los 50 años de su aparición es el momento idóneo. A quien va dirigida? A todos cuantos están interesados en nuestro tebeo de posguerra. ¿Que tipo de crítica pretendemos hacer? Una cosa es el tipo de crítica que pretendemos hacer y otra es la que nos salga.

La aventura radiofónica de Diego Valor


                           

                     
                           

Antes de que los receptores de la televisión se convirtieran en los reyes de los hogares, teníamos la radio…

La radio cubría un más amplio espectro genérico: concursos, sermones morales, consultorios, música en directo, corridas de toros y en las horas de mayor audiencia…. Las radionovelas, verdaderos programas estrella de la época, seriales melodramáticos (antecedentes del moderno culebrón) diseñados expresamente para un publico femenino y que fue el género más exitoso de la Edad de Oro de la radiodifusión española en las décadas de los 40 y 50.

Otros temas gozaron también de gran popularidad, como el género policiaco: Taxi Key o El Criminal nunca paga y el western con Dos hombres buenos. Pero la más recordada por la chiquillería de los años 50 fue una serie de ciencia-ficción: Diego Valor



Diego Valor, El héroe del espacio protagonizó un serial de la Cadena SER que se prolongaría por cuatro temporadas, desde finales de 1953 hasta junio de 1958, con los títulos de Diego Valor, Diego Valor y el Príncipe Diabólico, Diego Valor y el Misterio de Júpiter y Diego Valor y el Planeta Errante. Fueron un total de 1200 episodios, que se emitían a las doce del mediodía, en su arranque, para continuar al poco a las siete y cuarto de la tarde, inmediatamente después de Dos hombres buenos.

En 1950 se inició en nuestro país la publicación de la revista de narrativa gráfica británica Eagle, que obtuvo una excelente respuesta por parte de los lectores. De todas las series aparecidas en la publicación, la que alcanzó más popularidad (tenía honores de portada) era Dan Dare, Pilot of the Future, protagonizada por un coronel de la Flota del Espacio, en lucha contra el tiránico gobernante de Venus: Mekon. Creada por Frank Hampson que, además de un notable dibujo, contaba con un cuidado trabajo de documentación con la creación de unos convincentes escenarios. años, resulta excepcional ya que su protagonismo adquiere visos de con los varones de la tripulación y aún con el mismo protagonista y aunque, como era de esperar, su relación con él, acabará en idilio amoroso.

A su llegada al planeta Venus, los viajeros terrestres se encontrarán con tres razas: los brutales wiganes (de color verde), quienes liderados por el Gran Mekong, dominan prácticamente el planeta; los artiles, más inteligentes (sic) pero poco dotados para la guerra, que resisten con dificultad los intentos de conquista por parte de los wiganes, que pretenden extender al Universo entero; los atlantes, teTal fue su éxito, que Radio Luxemburgo inició en Julio de 1951 hasta mayo de 1956, una adaptación radiofónica.

Adaptado a los gustos nacionales, Dan Dare se convierte en Diego Valor y Como era habitual en la época, Diego Valor era un español nacido en el año 2000 y también era militar, eso sí, con menos graduación que Dan, si éste era Coronel Valor se quedó en Comandante. Adquiridos los derechos por los responsables de Radio Madrid, el serial se convirtió de inmediato en un éxito multitudinario.

Valor, héroe admirado por toda la humanidad, emprende viaje a Venus.


Entre los miembros de la tripulación hay una mujer, Beatriz Fontana, una mujer inteligente y capaz (científico y piloto espacial), quien comparada a otras heroínas del tebeo de aquellos rcera raza de origen terrestre, sometidos a la esclavitud por los wiganes.

Como es de suponer, Diego Valor se pondrá del lado de los artiles y con su colaboración (no hay nada como un hombre de la Tierra, y si es español mejor) conseguirán derrotar a los wiganes tras una gran batalla en la Luna. Pero sus hazañas no se detendrán ahí y el comandante Valor aún tendrá que correr posteriormente muchas más aventuras por nuestro Sistema Solar...



Los guiones del programa y de los cuadernillos eran obra de Jarber, seudónimo de Enrique Jarnés. Para la sintonía se utilizaba un himno compuesto ex profeso por Rafael Trabuchelli y música de Prokofiev, El amor de las tres naranjas. El primer actor que interpretó a Diego Valor fue Eduardo Lacueva, sustituido pronto por Joaquín Peláez, su voz definitiva. El papel de su amada Beatriz Fontana corrió a cargo de Juanita Ginzo, en un principio, seguida por Alicia Altabella y María Romero. Los restantes personajes fueron interpretados por Javier Dastis, Fernando y Daniel Dicenta, Encarnita Plana, María Jesús Cuadra, Rafael Fúster, Julio Montijano y Mario Moreno, entre otros actores de Radio Madrid.

La buena acogida de los oyentes posibilitó el traspaso del personaje a otros medios: los tebeos, un efímero programa de televisión y varias temporadas de teatro, con el propio Eduardo Lacueva como primer actor



La versión en historieta fue publicada por la Editorial Cid, empresa relacionada con la SER, dibujada por el tandem Adolfo Álvarez Buylla y Bayo (seudónimo de Braulio Rodríguez), y constó de 124 números; la segunda, de 1957, sólo tuvo 44 números y es obra de Buylla y Jano, con el autor original, Jarber.

Diego Valor, Beatriz Fontana, Portoles y Laffite: personajes que nos hicieron soñar en los años 50 y que ahora hemos querido recordar. Continuará.

Manuel López



Bibliografía consultada:

BAREA, Pedro, La estirpe de Sautier. La época dorada de la radionovela en España (1924-1964). El País-Aguilar, col. Visto y Leído. Madrid, 1994.

DELHOM, J. M., NAVARRO, J., Catálogo del tebeo en España (1915-1965). Club de Amigos de la Historieta. Valencia, 1980.

VÁZQUEZ DE PARGA, Salvador, Los cómics del franquismo. Ed. Planeta, col. Textos. Barcelona, 1980.


A la bibliografía aportada por Manuel López hay que añadirle los dos magníficos volúmenes dedicados a Diego Valor dentro de la coleción Cuadernos de la Historieta Española escritos por Fernando Bernabón, los cuales tuvieron sendos pormenorizados análisis en Voto a bríos.


El loco Carioco


Memorias de mi infancia
"El Loco Carioco"

El franquismo fueron dos ojosvigilantes, atentos a cualquier desajuste

Comoseñala Manuel Valero, siempre había alguien al lado que te vigilaba. Todos eranvigilados y en todos arraigaba esa turbia sensación de saberse escrutados. Sevigilaba en las Iglesias, en las escuelas, en las fábricas, El niño vigilaba,el cura vigilaba. En los cines se vigilaba… No faltaban ojos y oídos y lenguasruinosas que barriesen la jornada laboral para informar luego que ni un sólooperario se había saltado el Fuero del Trabajo.
Enlos paseos, un traje de pana ambulante cruzado en bandolera por una cinchasobre la que iba prendida una chapa ovalada, vigilaba aburridamente que la víapública fuera transitada conforme a los cánones de las buenas costumbres. A lallegada del tren hombres camuflados husmeaban el trajín de viajeros, quienes suben, quienes bajan, y habíapolicías a las puertas de los cines en lo que había los grandes besos, las grandesmanipulaciones, en las últimas filas de los cines: pero podía aparecer elacomodador, enfocar la linterna y mostrar al señor que lo acompañaba: policía(en cada local solía haber una gente de servicio). 

Losespañoles de esos años vivían en una sociedad en la que no se podían tomar demasiadasdecisiones libremente, ya que eran la Iglesia y el Estado quienes determi-nabanen nombre del pueblo. Eran tiempos de miseria y hambre para las clasespopulares mientras que los grupos dominantes volvieron a ser los que poseíanriquezas. La dictadura franquista fue un régimen muy autoritario, en el queimperaba el inmovilismo y el conservadurismo. Un sistema que influíafuertemente en las relaciones sociales, relegando a las mujeres al papeltradicional.
Eneste estado de cosas el humor, la historieta de humor fue, durante años,  un dedo en el ojo del vigilante.
Unode esos dedos en el ojo del vigilante fue, sin duda alguna, el de Carlos Conti,uno de los más sobresalientes colaboradores de la Revista Pulgarcito.
Lashistorietas de su más celebrado personaje, El loco Carioco, son o bien las deun hombre cuerdo en un mundo loco, u un hombre loco en un mundo loco. La locuray la irracionalidad están siempre presentes en sus historietas.

Muchasson las historietas que presentan el absurdo como forma de humor. Sin embargo,El Loco Carioco tal vez aparezca como el ejemplo más claro. El absurdo en lashistorietas de Conti se manifiesta por la caricaturización, lo grotesco y elirracionalismo de la situación de su personaje.
Contifue un historietista inteligente que desmontó, a golpe de carcajada lairracionalidad que se vivía. La risa y la descripción del absurdo ayudaron asocavar muchos de los elementos de la cotidianidad de la posguerra
Sirvan estas líneas para llamar la atención sobre uno de los historietistasmás interesantes de nuestra historieta. La obra de Carlos Conti contienetrabajos de valor que cualquier interesado en ese periodo sabrá apreciar, comoexpresión artística, como testimonio de cultura, aptitudes y comportamientossociales de la época. Por desgracia la obra de este autor es de las menosreeditadas, debido al conservadurismo de los editores, que les lleva a repetiruna y otra vez los clásicos de siempre o los autores de moda, relegando alolvido aportaciones tan imprescindibles como las de Conti.

Manuel López

En este enlace podemos acceder a otro trabajo sobre Conti que complementa al que acabamos de leer, también por Manuel López

Nené Estivill (3). Evocando el imaginario de la infancia


Evocando el imaginario de la infancia

Las circunstancias sociales de aquella España contribuyeron a la popularización de los tebeos. Nuestro país acababa de salir de una guerra que dejó maltrecha la sociedad civil. La pobreza fue realmente la única vencedora de la guerra, una pobreza que persiguió, si bien de manera desigual, a unos y a otros durante muchos años y que constituyó, al fin y al cabo, la mejor arma para mantener oprimida a la población. Los tebeos se convirtieron en un producto de masas. Debemos recordar que en aquella época sólo existía el cine, la radio y la prensa para pasar el rato, y los tebeos fueron recibidos como un maravilloso mundo de dibujos y colores, de fantasía y de humor, es decir, como un medio de evasión único, sólo comparable con el cine.
Cuando yo evoco lo que es el imaginario de mi infancia, las primeras imágenes que me vienen es el lugar que denominábamos El almacén de las peras, un descampado al que íbamos para jugar al fútbol, era un lugar de encuentro de la chiquillería del barrio que conseguía salir de sus calles y acercarse allí donde teníamos un lugar de esparcimiento. Quiero dejar claro que no tengo ninguna sensación de nostalgia de las duras formas y condiciones de vida que me tocaron vivir en los años de posguerra.
La escalera del Quicu fue otro de los puntos neurálgicos de mi infancia, allí nos reuníamos un grupo de amigos y allí pasábamos muchas tardes leyendo tebeos. Desde aquella época (han transcurrido más de cincuenta años) nunca me ha faltado un tebeo abierto a la lectura.
Como la memoria es corta, ya casi nadie se acuerda de que hace más de cincuenta años y de una forma continuada cientos de dibujantes, anónimos para el lector actual, llenaron con su trabajo cientos y cientos de páginas de historieta.
Hemos de seguir reivindicando a nuestros clásicos, un tema del que queda mucho por hablar, porque muchos de ellos, de los que aún viven, lo hacen en condiciones muy precarias.
   ¿Cómo reivindicarlos? Un articulito como éste de nada sirve. ¿Tal vez recuperando una parte de su obra, dedicándoles exposiciones y mesas redondas en salones y jornadas, investigando su trabajo en revistas especializadas?
Queda mucho por hacer, pero sólo si empezamos a andar recorreremos el camino. Con ellos nació (y también murió) una forma de crear historieta. Para muchos es un arte menor, poco más que un conjunto de dibujos ocasionalmente acompañados de un texto. Sin embargo, la historieta de los 40/60 no sólo es un reflejo de aquella realidad, una forma de manifestación que poseyó un lenguaje propio, también es una herramienta para entender aquella realidad.
 Cuando me decidí a escribir sobre Nené Estivill, ese era un autor del que quería hablar hace tiempo. Pienso que se adecua porque la idea es que este es un espacio onírico, un espacio de la memoria. La memoria es impalpable, intangible y pensamos que eso se adecuaba a la idea del espacio vacío. Incluso, ese espacio vacío es donde uno puede imaginar, recordar, recrear, se da más que como una idea material.
La personalidad de su trazo convirtió a este dibujante y humorista en uno de los creadores más originales del país.
Es mi sincero deseo, que estas personas que han dado su vida entera, quemándose las pestañas en un tablero de dibujo, para que muchas personas que tuvieron que vivir las desgracias de aquellos grises años en éste país no queden relegadas al más absoluto olvido.
Obras maestras de la historieta, iconos populares de generaciones anteriores hoy son en su mayor parte papel mojado a quienes la injusticia de la historia les ha pasado por alto. No existe un “depósito” de fácil alcance donde al menos se pueda acceder a ellos, el equivalente si acaso a un museo periodístico (al menos yo no lo conozco).
¿A quien le interesa hoy día investigar sobre nuestra historieta clásica? ¿A quien le interesa la vuelta a las viejas páginas repletas de acción o de humor? Es una pregunta difícil de responder, sobre todo si se tiene en cuenta que la memoria no esta de moda.

La estrechez  visión  del lector  y el editor de hoy no llega más allá del momento en que esos lectores empezaron a leer tebeos. Se ha olvidado que el medio no empezó con el lector de hoy, sino mucho antes, y que ya se habían explorado historias, conceptos, recursos y personajes a conciencia y a placer. La historieta ya no tiene historia porque ha olvidado a sus maestros.
Con Agamenón, Nené Estivill se destacó como uno de los autores más interesantes del aquél colectivo de autores que tomaban el relevo de la generación anterior, con unas inquietudes temáticas propias y un estilo mercadamente personal. Desde un perspectiva de exageración de los tópicos, su autor consigue una más que interesante historieta. Personajes de este porte ya  no existen: han sido fagocitados por la civilización. Tampoco existen las reglas de juego con que se movían estos personajes, que pueden ser tildados de ingenuos en un primer golpe de vista. Lo que si sobrevive en nuestra sociedad actual es el nivel de primitivismo de algunas reacciones. Las sociedades han evolucionado, los seres humanos no.
Las historietas de Nené Estivill son de lectura muy recomendable y permite abrirnos a las miras de unos tebeos aún próximos a nosotros pero con peculiaridades diferenciadoras al tebeo actual.

Manuel López



Nené Estivill (2). Historietas olvidadas

Historietas Olvidadas

En los anaqueles de bibliotecas, en las manos del tiempo, duermen historietas olvidadas. Dibujos,  textos… ya muy poco visitados por los lectores.

No resultan infrecuentes las historietas geniales pero poco apreciadas, e incluso desconocidas, que por estar fuera de sincronía con los gustos de su momento, o con la disposición de sus contemporáneos para apreciar su diferencia. A veces el efecto es sutil y no implica el desdén o el destierro sino la mera incomprensión por el escaso acuerdo con las definiciones de narrativa grafica vigente. Ello propicia que se lea como algo que, acaso, no son. 

Estas historietas, especialmente atractivas por su cercanía, de los últimos cuarenta o cincuenta años, porque todavía es posible imaginar el contexto en el que aparecieron, asombrase por la persistente ceguera de Ediciones B, porque  esas historietas  no  tienen sucesores: porque las “grandes corrientes del cómic” van por otro lado, y acaso su singularidad, entonces, sea irrecuperable. Uno de los casos más flagrantes es la de Agamenón de Nené Estivill, que no ha merecido una reedición. Las historietas de Agamenón merecerían rescatarse del olvido, reeditarse…
Las historietas de Nené Estivill, finísimo paladín del humor, se asoman a la faceta más ridícula de los tópicos de la vida rural. La cotidianeidad en que se desenvuelven sus personajes, seres en que el lector reconoce de inmediato como corrientes y familiares.
Destapa de manera entretenida- la interioridad tantas veces secreta y siempre absurda de ese problema sin resolver que es nuestra curiosa especie. Cínico, malévolo, con su dosis exacta de sadismo –en el cual parece deleitarse-. Nené Estivill consigue que, desde las primeras historietas, la atención del lector quede prendida hasta llegar al final sorprendente de la peripecia de cada una de ellas... y vuelta de nuevo a comenzar. 

Nuestra historieta tiene una historia y en el conocimiento de esa historia radica la llave que permite entender la historieta actual.

Me parece injustamente olvidada la historieta humorística realizada durante los años 40/60 ya que muchos casos siguen estando vigentes pese a los años transcurridos.
Creo que hay en la historieta una especie de manía por lo que está de moda o es políticamente correcto en el momento. Se leen ciertas cosas porque queda bien leerlas. Yo no sabría decir si esto es propio de la cultura española. Parte de la culpa de esto la tienen los editores. Están buscando la novedad, y no se dan cuenta de que la historieta de humor de los años 50/60 es enormemente rica. Se olvidan de ese tesoro inestimable que tienen detrás.
Si yo pudiera hablar con los editores, les diría que podrían hacer una excelente colección con autores injustamente olvidados. Hay muchas historietas que pueden tener una circulación limitada en algunos sectores, pero si se piensa en los lectores en general la cosa es muy distinta”.
No son los lectores sino las épocas (esto es, los lectores de hechos, no de historieta) los que envían al desván las historietas que en algún otro momento fueron notorias. Una época las encumbra, otra las olvida, otra puede aún volverlas a contemplar.
La justicia es caprichosa y su esencia es el derecho a ser injusta. Hasta que los ejemplares sobrevivientes se vuelven  clásicos. Son  las injustamente olvidadas  porque eran muy buenas y ahora para que vuelvan hay que desenredarlos de los anaqueles del olvido.
País amnésico, se diría, es el nuestro. Tal vez no difiera demasiado de otros, tal vez incluso estemos mejor que otros, pero cuando uno ve la manera en que en otras culturas se cuidan las obras de sus creadores, y se compara con el abandono en que dejamos a las nuestras, no se puede menos que sentir pena.
De ahí que sea posible hablar de obras completamente olvidadas que esperan que alguien se acuerde ellas. Y no me refiero a autores menores, sino a autores realmente valiosos, que en cualquier otro país ya contarían con sus buenas reediciones. Pienso, por ejemplo, en la "generación del '40", y quizá más injustamente aún, en los historietistas que surgieron en los 60, que conformaron un grupo sin parangón en la historieta española de la época. La lista de autores olvidados es enorme. Creo que la explicación de esto tiene que ver con un proceso que se ha acelerado en los últimos años, asentado básicamente en la tremebunda invasión de Superhéroes y Manga que padecemos.
Sin embargo, si nos acercamos a la historieta de esos años, no podremos menos que sentirnos fascinados por unas historietas sostenidas por un doble registro: la necesidad de narrar, en clave de humor y la necesidad de sentirse vivos.
El tema de los "desencuentros" entre la historieta que se hizo en esos años y la que se hace actualmente no es nuevo: sin ese desconocimiento no se producirían los "descubrimientos" de obras y  autores, quiero decir, las reediciones de autores olvidados o poco conocidos que  sorprenden a críticos y lectores cuando aparecen. Sucede que hay historietistas que uno frecuenta o disfruta, y que por una u otra razón no están ocupando la escena o no forman parte de lo que a los críticos les interesa reseñar.
Un nombre que me parece que ha desaparecido del campo de atención de la crítica y de los lectores en general es el de Nené Estivill, con una obra de primer nivel que tiene personajes como La terrible Fifí y Agamenón.  
En la Editorial Bruguera confluyeron varias generaciones de dibujantes. Ambas trajeron a la revista sus propias ideas y obsesiones. Mientras tanto, dieron acceso a una nueva generación que convivió con ellas y que llamaron a la puerta de la Editorial lo que comportó, como espacio propicio,  la expresión de estas nuevas presencias generacionales. El relevo generacional implica el acceso significativo de nuevos nombres y edades a la Editorial. Nené Estivill forma parte de esos nuevos nombres que se incorporaron a la Editorial en la década de los 60.
Lejanos quedan ya los tiempos de la primera aparición de Agamenón en la revista Tiovivo. Dibujos y palabras se daban por fin la mano para un objetivo común: entretener.
Nene Estivill nos presenta con Agamenón, una colección de historietas que redefinen el concepto de entretenimiento historietistico alejándole de los insípidos cánones de del tebeo infantil a través de la observación satírica de las costumbres de la sociedad rural. Agamenón posee todo lo que uno espera de una historieta: una sabrosa premisa, una escalada de situaciones hábilmente coreografiada y aderezada de slapstic, geniales personajes secundarios y el gusto impecable por el absurdo. Todo ello puesto al servicio de una historia cuyo tema central son los aspectos  de la vida comunal de una pequeña localidad un tanto reacia al progreso tecnológico y social. Una historia en la que uno enseguida se percata de que nos encontramos ante un palpable y encomiable homenaje hacia aquel tipo de vida rural. Mediante un juego de situaciones y personajes, Nene Estivill utiliza el surrealismo como aspecto doméstico, coloquial y costumbrista.
No es malo conocer nuestro pasado. En el caso de la historieta española, hay, como en todo, buenas y malas historietas, pero el rescatar unas y otras me parece estupendo. No podemos renegar de nuestra historia, y yo no lo hago. Las historietas españolas de hace 60,50, 40, 30 o 20 años merecen todos mis respetos.                    

   Manuel López                                                            

Nené Estivill, autor de Agamenón y la Terrible Fifí


Memoria sentimental en blanco y negro

“Nené Estivill”
En 1957, dos años después de su salida de las cadenas de montaje italianas sale el primer 600 fabricado por Seat. En 1956 se había aceptado la primera petición para este coche, pero la demanda se desborda. En 1958 el plazo de entrega previsto es de cuatro años. En 1960 el plazo de entrega es de "tan sólo" un año. El 600 fue sin duda algo que cambió a España. El cambio de mentalidad que supuso este coche fue cósmico. Sin duda alguna el 600 fue uno de los logros del anterior régimen y, también sin duda alguna, el 600 contribuyó a anticuarlo. La gente se sentía más libre, viajaba más, salía al extranjero, el español perdía parte de sus complejos de paria, y empezaba a pensar que tampoco éramos tan diferentes.

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS
Nostalgia, recuerdos, vivencias, descubrimientos, curiosidad. Tal vez por eso nunca mueran. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Son los años 60
Mujeres con pantalones de campana o faldas cortas. Hombres con el pelo largo. De ellos fueron los años sesenta.



Del Pop y del arte, de Los Beatles y los Rolling. Todos ellos, con sus movimientos, hicieron los sesenta. Todo eso y los seiscientos, los primeros televisores en blanco y negro. Esos años, los sesenta no volverán.

La juventud en los años sesentas se identificó por su necesidad de divertirse, de identificarse con una moda de vestir y por su fuerte deseo de salirse del esquema y provocar un tremendo cambio social, dejando cada vez más atrás el hábito de los tebeos. Nuestra mente estaba ocupada en otros menesteres tales cómo pedirle a menganita si quiere venirse al cine el próximo fin de semana.  Atrás iba quedando la vieja España que contó tan solo con unas pocas hadas bondadosas: tres de ellas, quizá las más capaces de traer alivio al desconsuelo y el hastío de tantas horas, fueron la radio, el cine y los tebeos.



La radio, el cine y los tebeos como referencia inmediata para sobrevivir. La influencia de los autores de esos años en los autores actuales, es tan rica como inconfundible. Eran unos autores, que tenían lo que había que tener con talento, humor, sencillez, ternura y una melancolía sana para que  la tristeza de  la realidad  imperante, fluyera con sinceridad sin aburrir


Uno de esos autores fue Alejandro Santamaría Estivill, más conocido como Nené Estivill (Pontevedra 1926), creador de personajes como: Cañete Camarrón, El malvado Dr. Cianuro y su ayudante Pandero, La Terrible Fifí y Agamenón.


Fifí y Agamenón dos de los más importantes y carismáticos personajes de la historia de la historieta de humor en nuestro país. Estivill, como todo genio y como todo innovador, quizá tendrá sus detractores. A ellos, si leen estas líneas, les recomiendo que cojan cualquiera de las historietas de Agamenón o de Fifí, y que la lean con detenimiento, puesto que, lograrán captar uno de los humores más inteligentes de nuestra historieta posbélica, son unas historietas realizadas con una ironía atroz. Destaca en la obra de Nené Estivill, el gusto por la cuidada ambientación, sumamente exquisita.

Agamenón
Agamenón es un mozo brutote y bonachón, un tanto cerril, gran comedor, fuerte y duro. Sus historietas reflejan, con cierto romanticismo, una España campesina que fue desapareciendo poco a poco, con la emigración progresiva de los pueblos a lo largo de los años sesenta.


La terrible Fifí
Fifí es una niña mala con premeditación y alevosía, tremendamente inteligente y astuta, perteneciente a una familia de la burguesía acomodada. Las historietas de Fifí hacen gala de una descomunal mala uva. Escudándose en su condición de “niña indefensa” logra siempre evadirse del más que merecido castigo.
En el mundo de la historieta hay personajes cuya fama excede a la de su propio creador, personajes que por una u otra causa parecen cobrar vida propia. Este es el caso de La terrible Fifí y muy especialmente de Agemenón. Sus historietas resultan sorprendentemente frescas y dinámicas, teniendo en cuenta los años de evolución plástica que nos separa de ellas. Pero el talento narrativo y gráfico de Nené Estivill mantiene vivo el producto, incluso tantos años después. Sus páginas demuestran un nivel de talento gráfico supremo (incuestionable) y una imaginación deliciosamente divertida.
Nené Estivill trata con valentía el medio, a través de una penetración cargada de vitalismo con pinceladas de cariño y toque creativo. El modo y la vehemencia con que afronta su compromiso con la viñeta, son factores decisivos a la hora de comprender la personalidad de este autor, un historietista en el más puro ejercicio del término.

Son unos recursos que pasan desapercibidos por estar sabiamente utilizados son los que marcan la diferencia entre los historietistas del montón y los historietistas de altura, de verdadera raza. Nené Estivill, por su creatividad y originalidad en todos los aspectos, destaca por encima de la media. El tebeo ha entrado en una dinámica sin el atractivo y la capacidad de seducción del tebeo hoy llamado clásico, que más que convencer a cientos de miles de lectores, los ganó y los reclutó para su causa como si de cruzados se tratara, merced al buen hacer de aquellos autores. Quiero invocar desde las tinieblas del olvido a Nené Estivill y ojalá sirviesen estas líneas para divulgar el papel que le corresponde a este artista dentro del mapa de nuestra cultura popular (historieta)

Manuel López